Trans-Andalucia, un viaje "interior".

Este viaje lo he hecho entre el 22 y el 31 de julio. Época de intenso calor, sin duda, y más aún por las zonas en la que estaba previsto transitar. Pero, o era en esas fechas, o no era; así que la decisión estaba clara.

La zona elegida como proyecto de viaje ha sido recorrer Andalucía transversalmente, por el interior y por sierras y Espacios Naturales. Esquemáticamente, ha sido así:empezó en la Sierra de Grazalema (Cádiz) y ha trazado una línea recta hasta el Cabo de Gata en Almería. En este punto, el camino gira a la izquierda buscando la Sierra de Cazorla, desde donde tracé otra línea recta hasta Huelva y, desde allí, el regreso a Badajoz. La idea era recorrer parajes, más que poblaciones, y evitar, en lo posible las zonas de mayor afluencia turística y, por supuesto, evitar siempre las aglomeraciones playeras. La única excepción a ésta condición fué el paso por el Cabo de Gata, lugar que casi tenía olvidado en la memoria y que deseaba rememorar.






La duración ha sido de diez días y la distancia a recorrer prevista estaba en torno a 2200 km., aunque el resultado final ha sido de 2700 kilómetros. Inicialmente, el plan de viaje consistía en viajar desde primera hora de la mañana hasta el mediodía; descanso y si la temperatura lo permitía hacer alguna pequeña ruta a la caída de la tarde. Este plan lo he podido mantener en pocas ocasiones por circunstancias diversas y el resultado final ha sido de aproximadamente de unas 9/10 horas diarias de conducción. En general, he cumplido lo previsto en un 80% y ha sido porque, a veces, una carretera estaba cortada por obras o no existía; otras porque los campings no estaban donde deberían estar y, las más veces, porque yo mismo variaba el rumbo en función de que algún lugar me gustara aunque no estuviese previsto. Todo esto explica los 500 kilómetros de más. Otra auto condición era la de evitar circular fuera del asfalto porque iba muy cargado, con las presiones un punto por encima de lo normal  y la regulación de la suspensión y el rebote muy duros y en esas condiciones no podía asumir el riesgo de alguna caída, porque aunque fuera leve y sin consecuencias, la rotura o la deformidad de una maleta me hubiera causado serios problemas para completar el viaje.

He intentado ser "casi" autosuficiente en la ruta. Para ello llevaba un pequeño hornillo de gas y hacía diariamente una pequeña compra en alguno de los pueblos por los que pasé; de esta manera no tenía que estar pendiente de los lugares y horarios de comidas habituales. El alojamiento ha sido siempre en campings, con mi propia tienda. Aunque tenía localizadas varias zonas de acampada libre permitida, finalmente no opté por ellas porque en algunas se necesitaba permiso previo de la Junta o del Ayuntamiento y otras no me parecieron adecuadas para dejar en ellas parte de mi equipo mientras hacía alguna ruta corta.

Muestra de la comida en ruta.
La equipación y enseres han sido mínimos, lo justo. Así, por ejemplo, llevaba 3 camisetas, 3 calcetines y 3 calzoncillos teniendo que lavar cada tres días y entre los útiles de aseo el desodorante en spray sirvió también como colonia, como after shave y como desodorante para las botas. He prescindido de cosas que, en otros viajes, resultaron inútiles o que ocupaban demasiado espacio y aun así, esta vez también he comprobado que me sobró alguna cosa y que las maletas estaban llenas.

La moto y el equipaje tal y como iba en ruta.
La moto no necesitó ninguna preparación especial. Únicamente aproveché para hacerle unos días antes la revisión de cosas que ya necesitaba o estaban a punto. Cambié yo mismo las pastillas de freno delanteras, el líquido de frenos y el refrigerante; comprobé y rellené el nivel de la batería y ajusté la tensión de la cadena. Las demás cosas rutinarias las había hecho recientemente y me limité a comprobar el nivel y el estado del aceite y de los neumáticos. No llevé grasa para la cadena porque preferí parar en algún taller y hacerlo allí rápidamente y a un costo mínimo. Usé una parrilla portaequipajes que me fabriqué yo mismo con aluminio y que ha resultado de gran utilidad para anclar en ella el equipaje muy rápidamente; también usé un sistema de anclaje casero para el navegador que me ha parecido más útil que el brazo que antes tenía; finalmente, el colmo de la comodidad y rapidez ha sido un conector doble USB (de los chinos) que se pone y se quita directamente en la toma de corriente y que me ha permitido tener conectado el navegador y cargando la cámara de fotos o el teléfono, a la vez.

Sobre el sistema de navegación y orientación decir que ha sido triple: navegador TT, mapa de papel y preguntando a la gente y que los tres sistemas me han funcionado perfectamente, aunque el último, preguntando a la gente, a veces resultaba complejo porque no siempre se entendía que no quisiera llegar a los sitios por el camino más rápido o por la mejor carretera. Sólo en una ocasión un señor mayor lo comprendió perfectamente: estaba sentado a la sombra en Alfarnate, y cuando le pregunte por el camino a Periana sin pasar otra vez por Alfarnatejo miró la moto y dijo "pues hombre, siendo así, yo creo que con esa moto pasa bien para ir por el carril y así conoce otra zona nueva". El carril resultó ser una carreterita asfaltada, en buen estado, revirada y trazada sobre otra bonita sierra.

Pues bien, el viaje empezó en la Sierra de Grazalema y debería haber empezado en Arcos de la Frontera, pero allí no existía el camping que buscaba y tuve que seguir la ruta hasta encontrar otro, intentándolo en El Bosque y en Benamahoma. Dos campings más tampoco pudieron ser y termine alojado en las afueras de Grazalema, en un camping pequeñito tras haber parado a comer bajo una higuera, al lado de un arroyo. Ese día ya era tarde para seguir montando, así que visité el pueblo andando (¡Dios mío, vaya cuestas!) resultando que estaban de feria y ese día tocaba la suelta del "toro de cuerdas"; así que cómodamente situado en lo alto de una verja vi las carreras de los mozos.


Continué al día siguiente haciendo el recorrido hasta Zahara de la Sierra. Junto con la Sierra de Cazorla, fué de los tramos más bellos que conocí. La carretera es estrecha y bien asfaltada, y muy retorcida, con desniveles tremendos y barrancos amenazadores junto a ella. Pero fué un tramo que hice a primera hora de la mañana, con un preciosa luz matutina, lo cual hizo que el recorrido fuera pausado, con el casco abierto, sintiendo el frescor de esas horas tan tempranas. Si el espectáculo fué bonito, no lo fué menos la visión de Zahara y su castillo en la lejanía, junto a su embalse.

Algunas vistas de la carretera desde Grazalema hasta Zahara de la Sierra.








 Bordeé el pantano en dirección a Setenil de las Bodegas, que era uno de los pocos pueblos que iba a visitar, pero una carretera en obras me impidió llegar y buscar un camino alternativo me hubiera ocupado mucho tiempo; así que queda pendiente para otra ocasión y me dirigí hacia Ronda, donde me limite a parar lo justito para ver su espectacular puente y pedir a un japonés que me hiciera una foto. Seguí por las estribaciones de la Sierra de las Nieves y de Ronda, pasando por El Burgo, en dirección al Desfiladero de los Gaitanes y El Chorro. Lugar espectacular, sin duda. El próximo destino del día era la Serranía de Antequera, donde quería ver el Torcal de Antequera; otro paraje espectacular que bien hubiera merecido una visita más pausada. Para acabar la ruta diaria fui a Alfarnatejo, al norte de  la comarca malagueña de La Axarquía, que sería objeto de visita al día siguiente. Pero, otra vez los campings me fallaron y terminé cerca de Vélez-Málaga, en un camping situado Las Viñuelas, cerca de la presa y llamado "Camping Presa de Las Viñuelas", lugar donde literalmente fui objeto de un "atraco" al cobrarme 21 euros por pasar la noche bajo el pretexto de "estamos en temporada alta", aunque, curiosamente, el camping estaba casi vacío, pero era tarde y estaba cansado para buscar otra cosa.



Vista de Zahara de la Sierra desde el pantano.

En Ronda.

Foto típica durante la breve parada en Ronda.


 Camino de Ardales y el Desfiladero de Los Gaitanes.




 Vistas del Desfiladero:




El Torcal de Antequera:





Repostando en Alfarnate.

En la siguiente jornada le tocaba el turno a La Axarquía y a la Sierra de Tejeda, teniendo previsto pasar por Sedella, Canillas, Frigiliana,... pero ¡vaya decepción! Resulta que si bien los primeros km. eran bonitos y eran lo que yo buscaba: pequeñas carreteras de montaña; de pronto la montaña aparecía blanca; pero blanca de las urbanizaciones y las casas que la salpicaban por entero, mostrando, a mis ojos, un espectáculo feísimo; el tráfico era impropiamente intenso en aquellos lugares, a veces, hasta peligroso por los turistas en descapotables y quads que circulaban por las carreteras como por sus enormes salones de casa. Horrorizado por lo que estaba viendo, rápidamente tracé una vía de escape rápido y descendí directamente hasta Torrox, donde utilicé la autovía para escapar y enlazar con el próximo destino: la carretera de La Cabra.

 Sin duda, esta carretera que une Almuñécar con Granada por el Suspiro del Moro, merece párrafo aparte. Tras unos km. iniciales sosos llenos de travesías; de pronto, a partir de Otivar, la carretera se torna salvaje; en cada vuelta de una curva el espectáculo visual supera al de la anterior, especialmente en el tramo que linda con la Sierra de Tejeda, Almijara y Alhama, que es la misma Sierra de la que salí huyendo un rato antes; pero la diferencia paisajística y urbana es tremenda, son los dos lados de la misma Sierra, pero son dos mundos diferentes. Como no podía ser de otra manera, el recorrido también fué pausado; posiblemente tarde en volver a pasar por allí y quería grabar en mi mente esas imágenes. Terminada la zona de curvas y de sierra existe una pista agrícola que me llevó hasta Albuñuelas y, desde allí, me instalé al principio de La Alpujarra, que sería la siguiente etapa.

Algunas vistas de la carrtera de La Cabra y su entorno:






Sobre la Alpujarra, poco más que añadir a los ríos de tinta que describen esta zona desde muchos puntos de vista. Yo tuve la suerte de empezar a recorrerla bien de mañana, casi sin tráfico, con la neblina matutina que bordea el pico de las mayores alturas y el reflejo del sol en algún embalse y ríos. En esas condiciones y a esa hora bien puede decirse que recorrí muchos kilómetros en la más completa soledad. Siguiendo la ruta que pasa por Órgiva, Pampaneira, Bérchules,... llegué al Puerto de La Ragua a través de una excelente carretera, con unas "excelentes" curvas. En esta ocasión no llevaba el casco abierto ni hice muchas fotos. En el Puerto tocaba descansar un rato. Tal vez, de la narración que estoy haciendo no se deduzca un aspecto que ha resultado crucial en este viaje: el cansancio, el brutal esfuerzo físico que supone conducir tantas horas por carreteras que no te permiten distracciones ni siempre permiten una conducción relajada y con el intenso calor de algunos momentos. A veces, como en la parada en este Puerto, era obligatorio el descanso porque era incapaz de llevar el manillar sujeto con la firmeza necesaria dado el dolor en manos y antebrazos, aunque también el culo sufría lo suyo. Pues bien, en estas condiciones y dada la "ración" de curvas y sierras de ese día, decidí cambiar la ruta y en vez de terminar el recorrido por La Alpujarra continué hacia el norte, buscando la parte norte de la Sierra de las Nieves almeriense y desde allí, cruzando Huénaja, Fiñana, Abla,... ir directamente hasta Cabo de Gata para pasar la noche e iniciar su recorrido a la mañana siguiente.


Pista que me llevaría hacia La Alpujarra.

 Durante el paso por La Alpujarra: 





Saliendo de La Alpujarra hacia el norte.

La Calahorra y su castillo.

Tenía un bonito, aunque vago recuerdo del Cabo de Gata de hace unos años y en invierno. Pero ahora era otra cosa. Ver gente y coches aparcados en cualquier rincón, en cada cala y playa no ha contribuido mucho a reforzar ese bonito recuerdo que mantenía; más bien al contrario. Sin duda, la zona tiene un enorme valor medioambiental pero paisajísticamente, en las condiciones en que la acabo de ver, me decepcionó. Sin duda debe tener maravillosos rincones inaccesibles, pero los que están al alcance de la moto o del coche mejor verlos en otra época. Y eso sin contar que para acceder a algunas playas había que pagar. Ese es el caso de las que hay a las afueras de San José, donde había que pagar cinco euros solo por entrar en la zona, aunque solo fuese durante unos minutos para hacer unas fotos. Así que me esperé a que a las siete de la tarde se pudiera entrar libremente, aunque no lo hice porque la pista que lleva a la playa de Mónsul o Cala Carbón era una verdadera autopista ocupada por cientos de coches entre los que regresaban y los  que querían acceder. Desde el alto donde está la entrada y hasta donde llega la vista era un auténtico atasco polvoriento; así que me fui a otra parte. Me gustó la zona de dunas fosilizadas de Los Escullos, cerca de La Isleta y las vistas de la costa desde la carretera y desde el faro. Por cierto, no estaba permitido circular por la pista que une el Faro con San José aunque vía algún coche que sí lo hacía. El Valle de Rodalquilar también lo pasé con la intención de llegar a las viejas minas de oro abandonadas, pero la pista era un verdadero pedregal y no quise asumir ningún riesgo.

En el Cabo de Gata:








Dunas fósiles de Los Escullos.



Rodalquilar
 La etapa de ese día continuó con una breve visita a Tabernas y a su desierto, lugar ciertamente espectacular. Aunque no más que la Sierra de la Alhamilla que crucé antes de llegar a Tabernas. Es esta sierra un lugar ciertamente inhóspito y seco, totalmente despoblado hasta donde alcanzaba la vista, recorrido por una carretera con mal asfalto y bajo un sol de justicia. Pareció que era la antesala  perfecta del desierto que vendría poco más tarde. Ya en él, observé algunas pistas en buen estado por donde podría haber circulado de no haber sido porque el calor era realmente sofocante; así que me limité a una breve incursión por una pista semiasfaltada y a la contemplación, desde la carretera, de esos lugares por los que uno espera ver aparecer alguna diligencia tirada por cuatro caballos y perseguida por los indios. 

 La Sierra de Alhamilla:



 El Desierto de Tabernas:






Terminada la visita al desierto me esperaba la etapa más dura de todo el viaje, aunque yo, en ese momento, no lo sabía. Desde Tabernas tomé dirección norte para alcanzar el Alto de Velefique, a unos 1800 metros de altura y al que se llega por una carretera en forma de enorme culebra retorcida. Bajo el calor que hacía fué realmente una ascensión dura y de exigente conducción aunque con unas vistas maravillosas y donde, por suerte, el calor se atenuaba con la altura; así que aproveché el paso por un Área de Descanso en Velefique para prepararme una buena comida y afrontar el final algo más repuesto. Si la ascensión fué dura, el descenso hacia Bacares no lo fué menos, aunque descendiendo prudentemente el cansancio es menor. En esta vertiente de la sierra el paisaje es más verde y el calor ahora es llevadero.

El Alto de Velefique:




Si bien, como antes dije, este fué el tramo más duro, el final de la etapa fué el más reconfortante de todos porque el camping que buscaba estaba en su sitio y ¡vaya sitio! En plena Sierra de Las Menas, en un antiguo poblado minero ahora en fase de reconstrucción, está el "Camping Las Menas", un lugar idílico en medio de un denso  bosque; es pequeño, cuidado como ninguno que haya visto en este viaje y estuvo todo él disponible para mí solo como único cliente esa noche; la atención de la dueña fué exquisita y las instalaciones comunes eran perfectas. Es uno de esos sitios donde ir si no quieres que te encuentren. Esa noche realmente dormí solo en medio del bosque y fué una noche diferente; por momentos el silencio era absoluto, tanto  que a veces me despertaba por ello; en otros momentos escuchaba los ruidos nocturnos del bosque y me entretenía en tratar de identificarlos o me asomaba a la puerta de la tienda y me quedaba mirando un cielo tan  estrellado como no recordaba haberlo visto antes. Sí, sin duda, es un sitio donde no me hubiera importado quedarme más tiempo. También, esa noche fué la primera en que hizo frio, mucho frio.


Camping Las Menas:

Camping Las Menas.
Pero el viaje tenía que seguir y el siguiente objetivo era alcanzar la Sierra de Cazorla pasando por las inmediaciones de la Sierra de Baza y llegando hasta Vadillo Castril, en pleno corazón serrano, tras haber quedado atrás Quesada y Cazorla. También es espectacular la carretera que une Cazorla con Vadillo, alcanzando su punto culminante en el Puerto de La Paloma, desde donde se divisan unas vistas espectaculares del valle recorrido por el Guadalquivir, cuyo nacimiento está muy cercano. Lo malo de este recorrido es haberlo hecho en sábado porque había demasiado tráfico. Ese día el tiempo cambió y amenazaba lluvia y tormenta y esa noche hizo mucho, pero mucho frio, tanto que tuve que usar el forro de la  chaqueta como prenda de abrigo y vestir el pantalón de montar en vez del pantalón corto, pero, por suerte, utilizo un saco de dormir de invierno y aunque penaliza un poco su volumen, esa noche se justificó el  haberlo llevado. Me alojé en un camping llamado "del Puente de las Herrerías" y esa noche tuve a la puerta de mi tienda, a apenas un par de metros de ella, a una familia de gamos alimentándose con restos de comida. Pude fotografiarlos, pero resultaron unas tomas de baja calidad porque el flash de mi cámara compacta no era suficiente; y aun así, a pesar de los fogonazos allí continuaron durante largo rato, dejándose observar sin mucho recelo. Esa misma tarde quise llegar al nacimiento del Guadalquivir a través de una pista próxima; y aunque pude hacerlo en la moto (está permitido) decidí hacerlo andando, pero la amenaza de tormenta me hizo desistir.

 Hacia la Sierra de Cazorla:


Sin duda, la provincia de Jaén.


Al día siguiente recorrí la Sierra a través de la carretera A-319, ruta motera por excelencia, y contemplando las vistas de las inmediaciones del pantano de El Tranco desde sus numerosos Miradores, llegué hasta Segura de la Sierra, población que junto con Hornos, están clasificadas de especial interés monumental. Fué una ruta circular que me llevó de nuevo a El Tranco y desde allí hasta Villanueva del Arzobispo a través de un recorrido de 24 km sin una sola recta (o eso me pareció). Ya dije antes que esta parte del viaje fué la que mejores sensaciones me produjo. También por esta zona dejé con frecuencia la ruta prevista y me interné por algunas carreterillas de montaña que me dejaron ver auténticas maravillas paisajísticas. No sin razón, por esta zona vi algún cartel que ponía "el paraíso habitado". El día termino en las cercanías de Úbeda, en el "Camping Huertalñalda", lugar desaconsejable en todos sus extremos, descuidado en sus instalaciones y ruidoso aún por la noche; fui incapaz de clavar las piquetas para montar la tienda. Como aún era buena hora, hice una visita a Úbeda, ciudad señorial en su tiempo que aún conserva hermosos vestigios de ello.


Los Cerros de Úbeda.
 Cazorla:




Pantano de El Tranco.

Un semáforo en medio de la sierra.

Segura de la Sierra.

Fuera de ruta.
A estas alturas del viaje quise olvidar momentáneamente que el proyecto era atravesar Andalucía por sierras dado el cansancio acumulado por circular tantísimos kilómetros por ellas y decidí hacer algún ligero cambio y circular por el llano; así que me fui directamente a Jaén y desde allí a Porcuna, Arjona, Arjonilla y Andújar, desde donde hice una incursión en su sierra hasta alcanzar el afamado Santuario de la Virgen de la Cabeza; lugar al que quise llegar no por su significado religioso, sino por conocer el enclave donde se sitúa, lo que me proporcionó la dosis de carretera serrana del día, unos 70 kilómetros más, pero que "compensé" tomando un breve trayecto de autovía hasta la ciudad de Montoro, bellísima población con fachadas colgantes de un barranco. La jornada terminó cerca de Posadas (Córdoba) en otro idílico camping al borde del pantano de La Breña.

Al fondo, el Santuario.

Santuario Virgen de la Cabeza.

En Jaén

Curiosa rotonda a la entrada de Arjona.


Montoro.

Montoro.

   En la siguiente etapa, la penúltima, no estuve muy acertado porque improvisando la ruta decidí llegar hasta Huelva y una vez allí vi que no era la época mejor para hacerlo en el plan que yo buscaba: demasiados turistas, demasiados coches, 42º,... Lo único que mereció la pena fué el paso por Niebla y la vista de sus murallas, bueno, también Moguer me pareció un sitio para visitar en otra época. Así que viré al norte buscando la Sierra de Huelva y terminando la ruta cerca de Aracena después de un breve recorrido por la zona de Picos de Aroche y las Minas de Rio tinto. El resto de la tarde no quise hacer nada absolutamente, lo tome como una jornada de descanso y me dedique a "tomar la sombra" (y alguna cerveza) y a dormitar junto a la piscina hasta el anochecer.

Niebla.

Moguer.

Rotonda en Rio Tinto.

Al día siguiente se acababa el viaje. Esa mañana me desperté muy tarde, desayuné y recogí el campamento muy despacio, tratando de prolongar el momento de enfilar  hacia casa y cuando lo hice tracé una ruta totalmente ilógica para llegar. Pero finalmente llegué a casa y aunque mi cuerpo en casa estaba, en lo que restó del día mi cabeza aún seguía dando vueltas por esas sierras de Dios; recordando por dónde había estado, lamentando haberme dejado atrás algunos sitios, haciendo balance del viaje,... en fin estaba no queriendo admitir que se había acabado. He pasado calor, mucho en ocasiones; he pasado frio, mucho durante dos o tres noches; a veces me preguntaba ¿qué estás haciendo aquí tú sólo?; he padecido dolor físico en algunos momentos; he comido a deshoras en ocasiones; alguna noche he dormido mal;...pero al final de cada día siempre he estado contento y sonreía; he absorbido tantas y tan variadas sensaciones, que casi me superan;  una vez más, me he enfrentado conmigo mismo y he vuelto a ganar. Por todas estas cosas hago este tipo de viajes una vez al año.

Última foto, última mañana.



2 comentarios:

  1. Sin duda un viaje que das envidia de la buena a pesar de hacerla por mi tierra. Excelente descripción, mientras leía, llegué a un punto de ir a rueda tuya devorando kilómetros por esas carreteras de montaña.

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    1. Gracias Cristobal. Me alegra saber que te ha gustado y si he aportado algo, pues mucho mejor. Saludos.

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