Mi primer y último viaje a Faro.

Empezando por el principio, decir que lo que quiero contar y compartir es un viaje (un mero viaje, que no de aventuras) que ha transcurrido en solitario durante una semana por Portugal, un trozito de Castilla León y Extremadura. Lo hice durante julio de 2011 con la excusa de ir a la concentración de Faro. El regreso hasta Badajoz duró una semana.




Creo que, si bien es divertido y ameno hacer rutas en grupo; viajar en solitario también es un verdadero placer. Precisar que eso de “en solitario” no significa estar sólo, solo supone estarlo durante los desplazamientos, pues si se quiere, no existe tal soledad mientras haya otras gentes en los caminos. También añadir que nunca me canso de viajar por Portugal; aunque sea un tópico, decir que es un país desconocido del que se tiende a tener una visión deteriorada. Nada más lejos de la realidad que yo conozco: parecido al nuestro en tantas cosas y superando al nuestro en tantas otras; mezclando modernidad y antigüedad y con gente amable. Nunca tuve ningún problema en Portugal; nadie me puso mala cara, al contrario, durante estos días nadie rechazó la conversación que yo inicié aunque sí se dio el también tópico de tener que escuchar esta verdad “nosotros intentamos hablar español, pero ustedes no se esfuerzan con el portugués” ante lo que solo cabe darles la razón.

Todo empezó cuando decidí que, al menos una vez, estaría bien ir a la concentración de Faro y además, ya que estaba allí y disponía de tiempo y de los permisos necesarios, prolongar la vuelta dando un “pequeño rodeo” que me llevaría de vuelta a Badajoz pasando por Coimbra. En total han sido 2000 km. aproximadamente, lo que ha hecho una media de 300 km. diarios. Pueden parecer pocos, pero esos 300 km al día supusieron muchas horas encima de la moto dado que en su mayor parte transcurrieron por carreteras y caminos que no permitían un velocidad “de crucero” normal, sino más bien lenta; amen de las numerosas paradas para hacer fotos, para comer, para descansar las piernas,… Bien, pues comenzando como comienzan las crónicas de los grandes viajes y tal y como suelen empezar sus relatos los grandes viajeros, hay que aludir a la motivación, a lo que me arrastró a hacerlo. En este caso era un mero deseo de viajar en solitario, con una programación mínima, y eso porque sí, porque me gusta montar en moto, porque me gusta viajar por Portugal y porque estaba seguro de que sería un placer hacerlo. Y efectivamente, así ha sido.

La moto usada no tiene mucho misterio: la mía, mi “gesita” (la china). Solo necesite cambiar neumáticos porque ya tocaba hacerlo; engrasar y comprobar cadena; revisar niveles;… El equipaje fue dispuesto en una bolsa tipo rulo, y en el baúl lo más imprescindible (aunque comprobé que no siempre se acierta con qué sea lo más necesario tener a mano).  Así estaba dispuesta la moto:



Esta es, aproximadamente, la ruta realizada, huyendo de la costa y de sus turistas:



La salida fue el viernes 15  de julio de 2011, tempranito. En vez de usar la ruta lógica Badajoz-Ayamonte-… decidí tomar otra que transcurre enteramente por Portugal, más corta y con casi todas las carreteras ya conocidas. Estaba previsto emplear sobre 4 horas para hacer los 320 km que hay hasta Faro; pero, al llegar a Almodóvar la carretera que continúa hasta Faro consiste en 80 km de carretera estrecha y llena de curvas, lo cual me supuso un retraso de una hora. Pero, finalmente, bajo un calor abrasador, me presenté en la recepción del recinto. No fue necesario ni mirar el GPS ni el mapa ni preguntar a nadie; bastaba unirse a cualquiera de los grupos de motos que por cientos llegábamos a la misma hora.



Incluso antes de entrar en el recinto, se aprecia la buena organización del evento, tanto para aparcar, como para inscribirse, como para entrar. Ya en el interior (con la inseparable pulserita amarilla que había que cuidar con mimo), parecía haber entrado en una gran ciudad por la que solo circularan motos; había cruces señalizados; gente uniformada dirigiendo el tráfico, bomberos, ambulancias, pasos acotados para los peatones, una especie de vigilantes con mala catadura,… y, claro, miles de motos. Sí, digo miles porque la organización calculó una afluencia de 50.000 personas en los momentos de más aforo, lo que supone, al menos la mitad de motos. En este momento procedía encontrar un sitio para instalar la tienda ¡¡¡menuda tarea¡¡¡ estaba ocupado casi todo el terreno, encontrar una sombra era impensable y después de un montón de vueltas pude encontrar este hueco:





Creí haber tenido suerte porque era un rincón y no parecía haber sitio para nadie más; pero me equivoque: a mí alrededor se colocaron tiendas y motos en espacios inverosímiles, mi moto estaba como a un metro de mi tienda, pero a mí alrededor tenía motos literalmente pegadas. Con todo instalado, antes de empezar a recorrer el recinto, grabé la posición de la moto en el GPS porque me temía que encontrarla de noche no iba a ser fácil; y así fue, tuve que recurrir al navegador para encontrarla la primera vez.

Sería arduo contar con detalle todo lo que allí aconteció y pude ver. Baste decir que jamás había visto tantas y tan variadas motos juntas; estaban representados todos los estilos y todas las clases, algunas de ellas parecían imposibles, otras preciosas, otras… En general prevalecían las HD y motos por el estilo. Tanto fue esto así que una de las atracciones de la concentración consistía en sentarse a la sombra al pie del camino, y con una cerveza en la mano para ver pasar motos. Aquí pongo algunas fotos que me llamaron la atención:

Esta es de uno de Badajoz. Ganó el concurso en su categoría

Respecto al ambiente, me pareció que es una concentración idónea para pasar cuatro días seguidos de fiesta, sin parar si el cuerpo aguanta. Lógicamente, casi sin dormir porque la música duraba hasta las 6 o las 7 de la mañana. La segunda noche, conseguí un rato de sueño, pero a las 04,56 horas exactamente, unos niñatos (que también había) me hicieron un corte de encendido como a medio metro de mi cabeza (ganas me dieron de “gastarles una broma en su moto”, que dejaron allí aparcada). Podia verse una amplia representación de tribus moteras:



La cerveza, siempre presente:





Había varios escenarios con ambientes diversos, muchas tiendas con mucho cuero, actuaciones varias, numeritos improvisados de la gente. Colas para todo: para las duchas comunitarias, para los retretes (asquerosos, por cierto), para pedir cervezas, para comer, en fin absolutamente para todo. Entre las actuaciones, además de música, se produjo un lleno total para ver el concurso de Miss Faro. Aquí dejo unas vistas de algunas participantes:



En fin, en general una buena experiencia el haber estado allí, aunque si vuelvo en otra ocasión no será solo. Creo que en grupo, en esta clase de sitios, es más divertido. Aunque había quedado con un conocido el sábado, no conseguimos vernos: nos llamamos, nos citamos,… pero nada, imposible, no conseguimos encontrarnos.

Llegó el domingo por la mañana y decidí levantar el campamento tempranito para evitar colas a la salida; pero, claro, eso mismo decidieron varios miles de motoristas, con lo que desde temprano se organizaron atascos para salir. Solución: quedarse a desayunar dentro y dejar que salieran los que iban a participar en el carrusel por Faro. Así lo hice y sin más problemas me puse en la carretera. Esta vez decidí usar una autovía para alejarme unos km. de Faro. Empecé a notar un fuerte y molesto viento que no facilitaba mucho la conducción. Aquí empezaba la parte improvisada del viaje: sin tener preestablecido dónde comer o dónde dormir. La idea era usar la tienda y comer en cualquier sitio. La ruta era hacia el norte, con parada obligatoria en la Serra da Estrela. No había más planes, la duración sería lo que durara el presupuesto. Desde Faro fui de una tirada hasta un pueblecito que se llama Ilhas. Lo que me hizo parar allí fue un cartel de carretera de un restaurante que anunciaba como prato do dia arroz con pato. Después de los días
pasados comiendo como pude en la concentración, ese cartel me obligaba a parar porque, además, en Portugal es un plato típico excelente. Fue el único día que comí de restaurante convencional. Debidamente repuesto decidí seguir un poco más al norte para buscar alojamiento. Decir que en todo este trayecto las motos estaban presentes en cada momento, todos regresando de la concentración; todos portugueses, no vi ninguna matrícula española en mi trayectoria.

Decir aquí que los conductores portugueses de coche son tremendamente respetuosos con las motos, especialmente los camiones, facilitando los adelantamientos apartándose un poco. A pesar de esto, vi adelantamientos de motos a coches que me pusieron los pelos de punta y en alguna ocasión llegué a frenar un poco porque veía el accidente inminente. Así que no pude sino rechazar la invitación que me hicieron en una gasolinera unos motards portugueses para que me uniera a su grupo, puesto que llevábamos la misma dirección ¡¡¡ ni loco ¡¡¡ intentar seguirlos después de lo que había visto. A media tarde del domingo empecé a estar atento a los indicadores buscando un parque do campismo, donde pasar la noche. Encontré uno cerca de Tomar y allí me quedé. Curiosamente, resultó ser un camping regentado por un holandés y una alemana, con un único empleado portugués y siendo los pocos clientes que había franceses e ingleses. Todo ello dentro de una pequeña aldeia de 100 habitantes. Digamos que aquí empezaron los problemas.


El viento que me acompañó desde Faro se tornó casi huracanado por esta zona; añadiéndole, además, el frío intenso; y yo con mi tienda casi de juguete, con mi saco de verano y mi ropa motera con ventilación. No me atreví a instalarme en la tienda en esas condiciones y me ofrecieron la posibilidad de alquilar una roulotte, cosa que acepté inmediatamente dada la situación. Además, dado el carácter anglosajón del establecimiento me fueron ofrecidas tanto una cena como un desayuno típicamente ingleses. Este fue el alojamiento:



Ese viento a todas horas y ese frío nocturno duró tres días, algunos de ellos acompañados de niebla y lluvia. Hay que tener en cuenta que estaba aproximadamente a unos 1000-1500 metros de altitud en medio de una sierra. Por tanto, los alojamientos fueron variados. El día de más frío, en el Vale do Rosimm instalé la tienda, pero mientras empezaba a llover la desmonté a toda prisa y me instalé en esto, es un “yurt” por el que me pedían 45 euros, pero que, debidamente negociados, se quedaron en 30 (incluía chimenea, que, por supuesto, utilicé):



Como dije antes, las comidas fueron improvisadas, aunque normalmente lo que hice fue comprarla en tiendas y prepararla yo y consumirla al lado del camino, a veces, en parajes espectaculares. Aunque un día, en no recuerdo qué carretera, volví a ver el anuncio de prato do dia 5 euros. Resultó ser una especie de buffet libre por ese precio. Por supuesto, me concedí un buen homenaje culinario. Otro día, también debido al frío, me alojé en un hostal de El Cabaco (Salamanca) y al salir me fueron ofrecidas frutas de la huerta de los propietarios, ofrecimiento que, por supuesto, también acepté.

En cuanto al recorrido por la Serra da Estrela, decir que es espectacular, carreteras estrechas y reviradas a más no poder, pero con unas vistas espectaculares:



En concreto destaca el recorrido por el Vale do Rio Zézere :




Y, como ruta obligada, la subida a la Torre, a 2000 metros. El sitio más alto del Portugal peninsular. Insisto en lo del frío, aquí, por la mañana, podríamos estar a 3-4 grados. A veces sucede que no sabemos qué hacer con el casco cuando dejamos la moto, pero en esta ocasión el casco donde mejor estaba era en su sitio, en la cabeza y bien cerradito para evitar el frío e intensísimo viento.





En general, merecen la pena todos los recorridos por la Serra, incluidos los marrones (por los que no me atreví por estar solo en un paraje desconocido). Creo que merece la pena dedicarle un fin de semana en exclusiva. Entre los muchos lugares para visitar, no podía dejar de lado un pueblo que se llama Gois. Este lugar es muy conocido por darle nombre a una de las muchas “rutas de las 1000 curvas” existentes. La gente de Extremadura suele transitar mucho por allí dado que las carreteras son aptas para curvear en buenas condiciones.


Muy a mi pesar, y dado que el tiempo no cambiaba, decidí dejar esta sierra y buscar otras latitudes más calentitas. Además del frío y del viento, por las mañanas estas carreteras de montaña estaban mojadas con lo cual no disfrutaba de la conducción. Tras un rápido vistazo a mapa decidí que volvería a entrar en España. Lo hice por Ciudad Rodrigo para bajar hacía la sierra de la Peña de Francia y después Las Hurdes. Durante el mediodía y la tarde hizo calor, pero cuando encontré un camping para pasar la noche volvió el mismo escenario: frío. Y eso que evité las alturas de la sierra y me quedé al pié, en un pueblo llamado El Cabaco. Aquí el recepcionista del camping me recomendó que si mi material no era adecuado, mejor sería buscar alojamiento en el pueblo. La noche anterior habían tenido temperaturas nocturnas
de 5-6 grados con viento. Le hice caso y me busqué un Hostal. De nuevo negociando el precio, conseguí uno razonable en un Hostal de ambiente familiar (en este sitio es donde me dieron fruta por la mañana al marcharme).

Como aún quedaba luz solar aproveché esa tarde para subir al Santuario de La Peña de Francia. Es una subida retorcida por una carretera de 12 km con asfalto claramente mejorable. Pero como esta ruta no se hace para curvear sino para admirar el entorno, fue un verdadero gozo, tanto la subida como la estancia arriba. Es otro de esos lugares “clásicos” al que cualquier trialero que se precie debe subir. Estas son algunas imágenes del lugar:



En esa zona, también es imprescindible visitar el pueblo de La Alberca. Generalmente inundado de turistas, entre semana, sin embargo, cambia mucho su visión. En tal lugar no podía dejar de comprar algún embutido y especialmente ciertos turrones que allí fabrican. Estas son algunas imágenes típicas del pueblo:


Si espectacular fue la subida a la Peña, mucho más es la bajada desde La Alberca hasta el pueblo hurdano de Las Mestas atravesando la sierra de Las Batuecas. Es una sucesión de curvas increíbles que transcurre por un paraje bellísimo y verde en este tiempo. Durante la bajada me crucé con dos motos que subían, eran dos motoristas de la Guardia Civil y al pasar ellos yo estaba parado mirando el paisaje, así que pude apreciar, con muchísima envidia, la manera espectacular con que trazaban; me pareció que en esos momentos estaban “descuadrando” sus ruedas.



Ya en la provincia de Cáceres, en Las Hurdes, el primer pueblo es Las Mestas, situado en un paraje idílico, rodeado de verde, fresquito y con un entorno con mil posibilidades para el descanso o la aventura. También es conocido (al menos para los menos jóvenes) por ser la “cuna del ciripolen” y el pueblo de su inventor “el tío Cirilo”. Esto es una bebida energética y vigorizante “apta para todo”; su inventor tiene un Bar donde el viajero suele ser invitado a una copita de ciripolen, aunque lamentablemente cuando pasé por allí estaba cerrado.


Las Hurdes son todo un espectáculo visual; son un lugar perfecto para ser visitado en moto. Hace muchos años, era tal el aislamiento de los hurdanos que éstos pensaban que tras sus montañas ya no existía nada, que no había más mundo que el que ellos conocían. Afortunadamente, hoy la zona está atravesada por una red de carreteras perfectas para ir en moto: asfalto en perfectas condiciones y trazado que permite ciertas alegrías. Entre sus muchos lugares para visitar están las gargantas o sus cascadas, lugares a los que se suele acceder a través de pistas transitables en motos trail. Uno de esos lugares son los meandros del río Alagón, situados cerca del pueblo de Riomalo de Abajo.




La zona dispone también de muchas piscinas naturales que además de para el baño, proporcionan sitios inmejorables para un rato de descanso o para comer. En esta ocasión utilicé la de un pueblo que se llama Descargamaría, donde dejé pasar las horas de intenso calor antes de seguir la ruta. En esta zona se fabrica un producto al que tengo por un auténtico manjar: el paté de aceitunas, del que me surtí debidamente. De estos patés puede haber muchas variedades, pero el fabricado con aceites con denominación de origen Hurdes-Gata debería estar prohibido para quien no sea capaz de apreciar semejante exquisitez.

A partir de este punto, y lamentándolo mucho, tocaba hacer la ruta de acercamiento a casa. Este viaje se acabó, pero ha sido el principio de otros que vendrán, también en solitario.

Gracias por haber leído hasta aquí.

Saludos.

1 comentario:

  1. Buen viaje y eperiencia, pena de la mala climatologia, gracias por contarlo de forma tan agradable.

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