El Viaje del elefante.

No hace mucho hice el experimento de realizar un viaje dejándome llevar de un libro como guía de viaje; en concreto viajé por tierras del Alentejo portugués siguiendo el libro "La frontera que nunca existió" de Alonso de la Torre. Poco después realicé "el camino del Cid" de la mano del Cantar de Mio Cid y como la experiencia me resultó altamente satisfactoria, ahora he hecho una pequeña singladura de tres días guiándome por otro autor, cuyos detalles cuento a continuación.



El objetivo de este viaje ha sido recorrer parte de la comarca portuguesa de La Beira; pero recorriéndola por un camino ya andado por otros viajeros entre los que destaca uno en concreto: José Saramago. Saramago anduvo estas tierras y plasmó un viaje real en el libro "Viagem a Portugal". Años después volvió a recorrer parte de estos caminos en una historia mitad real mitad ficción: "El viaje del elefante"; obra escrita en romance que cuenta el recorrido que hizo el elefante Salomón a mediados del siglo XVI desde Lisboa a Viena para ser entregado al archiduque Maximiliano II de Austria como regalo de su primo Juan III de Portugal.


Situación de La Beira, Portugal.


El Viaje del elefante ("o caminho de salomao"), discurre entre Lisboa y Castelo Rodrigo, finalizando éste tramo portugués en la región de la Beira interior. Y a ésta misma región dedica Saramago su Capítulo "Blandas beiras de piedra, paciencia"de su "Viaje a Portugal". Además, sucede que en esta zona cercana a la frontera española hay varias aldeas que  forman parte del programa de aldeas históricas de Portugal. Son aldeas enclavadas en la montaña y son anteriores a la constitución de Portugal como nación. Su situación geográfica tuvo un sentido claro: mientras castellanos y portugueses se disputaban las tierras fronterizas, el terreno ganado al enemigo debía ser repoblado y protegido. De ahí la constitución de estos núcleos de población, dotados, además, de un castillo protector. Por tanto, ya está mi viaje casi definido con ambos libros. Objetivo: recorrer las aldeas dejándome llevar por las andanzas del elefante Salomón y por las impresiones del "viajero" que protagoniza el viaje real de Saramago.


Son doce las aldeas históricas clasificadas como tal: Piodao, Montsanto, Idalha a Velha, Castelo Novo, Belmonte, Linhares da Beira, Trancoso, Marialva, Castelo Rodrigo, Almeida, Castelo Mendo y Sortelha. Todas ellas de trazado medieval, bien conservadas y llenas de historia en cada una de sus piedras. 


Su situación puede verse en el siguiente mapa. Así como el trazado de la carretera que discurre por el Valle del río Coa.


Como ya conocía cuatro de ellas tracé una ruta que abarcaba las ocho restantes, de forma que Castelo Novo y Belmonte las visité el primer día en el tramo  de Badajoz a Guarda (donde pernocté dos noches). Al día siguiente hice una ruta circular viendo la mayor parte de las restantes, excepto Sortelha, la cual la dejé para el tercer día de viaje (el regreso).Hubiera sido posible trazar el mismo recorrido que Saramago, puesto que está perfectamente definido en su libro, pero él no parece que tuviera limitaciones de tiempo y siguió un itinerario caprichoso. No pudiéndome yo permitir eso tracé una ruta más lógica con el fin de aprovechar los tres días disponibles, resultando que mi camino coincidió parcialmente con alguno suyo y como también a él le sucedió, me perdí en el mismo cruce de caminos donde él se perdió tratando de llegar a la aldea de Linhares.


En este enlace se puede ver y descargar la ruta completa: La ruta en Wikiloc

El elefante Salomón y la comitiva que lo transportaba no recorrió todas las aldeas. Aunque en el libro solo es citada por su nombre Castelo Rodrigo, son descritas Montsanto, Castelo Novo y Sortelha de entre las aldeas históricas. Pero en su otro libro descriptivo de la zona, Saramago presta especial atención a otras aldeas peculiares cercanas, entre las que destaca la pequeña Cidadelhe. También son dignas de visita aldeas como Alpedrinha o pueblos como Sabugal.




Como datos prácticos a efectos de este recorrido, decir que es enteramente por asfalto; que las carreteras pueden ser clasificadas en una horquilla que iría de "regular" a "excelente"; que puede hacerse tanto por carreteras como por tramos de  "autoestrada" si se quiere ganar tiempo y que es una buena opción para quien quiera dedicarle más de un día fijar la ciudad de Guarda como de alojamiento, como hizo Saramago y como hice yo. Guarda (la ciudad a mayor altitud de Portugal) también tiene un bonito casco histórico y una espectacular catedral para ver. Cené dos veces comida tradicional portuguesa a un precio increible: 7,50€ en el Restaurante A Floresta en la Rua Francisco de Passos, cerca de la catedral y me alojé en la Casa da Sè, frente a la puerta de la catedral, al inimaginable precio de 10€ la noche en una habitación pequeñita pero inmaculadamente limpia donde, además, me facilitaron un espacio resguardado para la moto.

Antes de empezar, algunas fotos de Guarda:






Bien,...retomando el relato, o más bien iniciándolo ahora, tengo que decir que en lo que sigue serán las palabras de Saramago quienes narren mi viaje, pues ¿quien mejor que él para describir estos lugares?. No obstante, hay que advertir que en el libro del "Viaje del elefante" solo son realmente situadas dos poblaciones, Lisboa y Castelo Rodrigo, las demás,...nadie puede estar seguro que por ellas transitara un elefante, pero, por el contrario, nadie puede estar seguro de que no lo hiciera. Las aldeas descritas en el relato ¿se corresponden con las reales aldeas históricas? No lo sabemos, pero lo cierto es que la magia de la pluma de Saramago nos lleva por ellas dejando a la imaginación del lector decidir en qué lugar está en cada momento de la narración. Por contra, en su "Viaje a Portugal" Saramago no deja éste aspecto del viaje en manos de la imaginación, sino que es muy preciso en la localización de los parajes y en el estado de las carreteras allá por 1979.

Empezamos,.. encendamos el motor de la moto, ajustémonos el traje de agua, olvidemos las inclemencias del tiempo y disfrutemos del viaje. O dicho de manera menos retórica: entremos en el enlace a esta entrada del blog, posicionemos el cuerpo cómodamente en un sillón, tengamos a mano un café e imaginemos que con las palabras de Saramago y mis imágenes estamos haciendo el camino del elefante.


 "Si el viajero no es claro en lo que escribe, que lo aclare quien lea, que esa es también su obligación" (Sarmago, Viaje a Portugal)


Castelo Novo.

Cuando poco antes de su muerte Saramago participó en un viaje cultural recreando el camino del elefante paró en Castelo Novo y allí leyó:

"Há mais de 30 anos escrevi:

Castelo Novo é uma das mais comovedoras lembranças do viajante. Talvez um dia volte, talvez não volte nunca, talvez até evite voltar, apenas porque há experiências que não se repetem". (Viagem a Portugal, 1981).(Castelo Novo es uno de los recuerdos más conmovedores para el viajero. Tal vez un día vuelva, tal vez no regrese nunca, tal vez hasta evite volver, porque sé que hay experiencias que no se repiten).






Belmonte.

"Baja a lo largo del valle que empieza de inmediato, a la salida de Guarda hacia el sur, y sigue luego a la par del río de Gaia. Es un paisaje amplio, de tierras cultivadas, verdeciente en verdad (...)"


Castelo de Belmonte






Belmonte



Linhares da Beira.


"Viajero competente es aquel que sólo va por malos caminos cuando no hay otros, o si una razón suficiente le manda que abandone los buenos. No hay que tirar sin comprobación ni cautela por la primera trocha que se le presente. Linhares es buena tierra (...) El castillo debe de haber sido enorme. Lo dicen las dos gigantescas torres de granito, la altura de las murallas, toda la atmósfera de fortaleza que dentro se respira".


Relata Saramago su equivocación para llegar a Linhares y para salir de ella: "(el viajero) tiene que marcharse, dejar Linhares, que de lejos tanto se parece a la griega Micenas y adonde le costó tanto llegar como si a Micenas fuese." Yo sufrí parecida equivocación para salir en dirección a Trancoso.

 Unas imágenes de las calles de Linhares


Castelo de Linhares da Beira





 Trancoso.

"La carretera atraviesa una región de altura media, cubierta de esos peñascales de granito que aquí llaman barrocos, aislados o en grupos, puestos unos sobre otros en equilibrio que parece inestable, (...)". "Trancoso no es exactamente como él (el viajero) esperaba (...) Contaba con un pueblo de arquitectura aún medieval, rodeado de murallas, con una atmósfera de historia antigua. Las murallas están ahí, es antigua la historia, pero el viajero se siente rechazado. Comió, ni bien ni mal, vio los monumentos, y algunos celebró verlos, pero, en definitiva, le ha quedado una impresión de frustración que resumió de esta manera aproximada: uno de nosotros dos no ha entendido al otro. En conciencia, el viajero cree que no ha entendido a Trancoso (...)".




Marialva.

"Continúa el viajero hacia el norte por la carretera naciente del río Teja (...). El camino ahora es de llanura, o, con mayor rigor, de meseta, los ojos pueden solazarse a voluntad, pero más prolongarán la vista desde allá arriba, desde Marialva, la vieja (...). De indiferente y callado no se puede acusar al castillo. Ni a la villa vieja, con las calles trepando pinas, ni a quien aquí mora".Saramago, sólo, en el interior solitario del castillo hace la siguiente reflexión: "El viajero siente en el castillo de Marialva una gran responsabilidad. Por un minuto, y tan intensamente que llegó a hacérsele insoportable, se vio como punto medio entre lo que pasó y lo que vendrá. Experimente quien lo lee el verse así, y venga luego a decir cómo se sintió".

"Al fin se fue. Va por la llanura, el sol le da en los ojos, algo ha crecido en el viajero después de su visita al castillo de Marialva. O quizá es que el castillo de Marialva  va con el viajero y lo hace mayor. Todo puede acontecer en viajes como éste".






Carretera entre Marialva y Figueira de Castelo Rodrigo.

Sin duda fue este el tramo y el entorno más espectacular de la ruta. Se recorren aproximadamente 35-40 kilómetros, atravesando el valle del río Coa, por una carreterita estrecha pero en perfectas condiciones (excepto un pequeño tramo en el que el asfalto empeora). No hay grandes elevaciones, pero la carretera sube, baja, serpentea y se retuerce. Es de esos tramos en los que uno quiere que esas condiciones se prolonguen más. A mitad de camino hay dos puntos de interés, el viejo  Ponte da Uniao y la aldea de Cidadelhe, cuya descripción omito para buscarla en el libro que estoy continuamente citando.




Cidadelhe.

Saramago la define como “el calcanhar do mundo”. En el  Viagem a Portugal dice: “ Cidadelhe es el culo del mundo. Ahí está la aldea, casi en la punta de una pirámide rocosa apretada entre el río Coa y la torrontera de Massucime. Es el último rincón del mundo, será el último de la vida”. En esta aldea se guarda un afamado palio: “El palio es la gloria de Cidadelhe. Ir a Cidadelhe y no ver el palio sería como ir a Roma y no ver al Papa”.  “No hay palabras que puedan describirlo. El viajero queda asombrado. Quiere ver mejor la gran pieza de velludo carmesí bordada en oro, en plata y en seda,(..) Éste es, en verdad, el tesoro que las mujeres de negro celosamente guardan y defienden cuando ya tanto les cuesta guardar y defender la vida”. "La aldea es toda de piedra. De piedra son las casas, de piedra son las calles (...)".





Poco antes de entrar en esta aldea, estando en Guarda, Saramago entabla una conversación con el "señor Guerra" (camarero del restaurante donde está comiendo) que es natural de Cidadelhe y le pregunta si piensa ir a su pueblo; el señor Guerra dice que le gustaría hacerlo y responde así a la pregunta de ¿cómo está la carretera?: "está mal. Aquello es el fin del mundo. Pero la verdad es que ya estuvo peor (...) mucho peor". Pero, recordemos que el pasaje citado reproduce una conversación de 1979. Ahora Cidadelhe ya no está en el fin del mundo, aunque sigue siendo una aldea aislada en mitad del valle del río Coa y las calles son tal y como las describe Saramago, de piedra.

Castelo Rodrigo.

 Como se dijo, esta es una aldea citada en el libro "El viaje del elefante". Aquí finaliza la ruta portuguesa de Salomón para ser entregado  a las tropas castellanas que tomarán el relevo hasta Valladolid. Su  imponente castillo, casi en la misma frontera castellana, permite suponer que fue este un "punto caliente" en las luchas por la tierra en aquellos tiempos. Saramago ya permite suponer que esto sería así cuando en su libro del viaje del elefante reproduce una hipotética y graciosa conversación entre el comandante portugués que  capitanea la entrega del animal y el alcalde de la aldea: "Por qué piensa vuestra señoría que podrá haber confrontaciones, preguntó el comandante, Con estos españoles  nunca se sabe, desde que tienen un emperador parece que andan con el rey en la barriga, y mucho peor sería si en vez de venir los españoles viniesen los austriacos, Es mala gente, preguntó el comandante, Se creen superiores a los demás,(...)".






De esta aldea se dice lo siguiente en "El viaje a Portugal:" Castelo Rodrigo, visto de lejos, con sus fortísimas torres cilíndricas, recuerda la ciudad española de Ávila (...)". Saramago encuentra una aldea semiabandonada, desierta, en ruinas "Parece que una plaga haya caído sobre la ciudad". Volvamos a recordar que estas son palabras de hace treinta y seis años. Hoy, Castelo Rodrigo es una bellísima aldea medieval pulcramente cuidada y cuya visita se hace obligada.







Almeida.

"Almeida es el fuerte. Desde el cielo se vería mejor el dibujo poligonal de las fortificaciones, el trazado de los baluartes, el lecho de los fosos. en todo caso, el viajero puede tener una buena noción del dispositivo circulando por las murallas, midiéndoles la altura con la mirada. Esta construcción es de otro tiempo y de otras guerras (...)".









Castelo Mendo

" (...) Vista de lejos es una fortaleza, villa toda rodeada de murallas, con dos torreones en la entrada principal (...) Villa, ciudad, aldea. No se sabe bien como clasificar a una población que de todo esto tiene y conserva".









Sortelha.

En el Viaje a Portugal, Saramago dice de ella: “De Belmonte va el viajero a Sortelha por carreteras que no son buenas, y paisajes que son de admirar. Entrar en Sortelha es entrar en la Edad Media [...] Lo que da carácter medieval a este aglomerado es la enormidad de las murallas que lo rodean, su espesor, y también la dureza de la calzada, las calles empinadas, y, encaramada sobre piedras gigantescas, la ciudadela, último refugio de los sitiados, última y tal vez inútil esperanza (...)”. Y en su Viaje del elefante posiblemente sitúa en esta aldea el episodio de la coz del elefante al párroco local y se describe como: "si tal se podía llamar a las dos decenas de casuchas apartadas unas de otras, con una iglesia descabezada, o sea, sólo con media torre,(...)".


Lamentablemente para mí no pude visitar Sortelha. No he dicho que de los tres días del viaje, el primero llovió a medias, el segundo fue un día primaveral y el tercero...el tercero diluvió y fue justamente cuando tendría que haber visitado esta aldea, pero en tales condiciones no pude hacerlo.




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